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Por Alexis Polo

30 de noviembre de 2001, faltan pocos minutos para el mediodía, en la Plaza de la Constitución, frente a La Moneda, un hombre de 50 años entrega una carta a los transeúntes que caminan por el lugar. El nombre de la persona es Eduardo Segundo Miño Pérez.

La carta que escribió Miño denunciaba la muerte de más de 300 personas producto de la inhalación de asbesto, responsabilizando a la empresa Pizarreño por utilizar ese maligno mineral en la fabricación de materiales para la construcción, a la Mutual de Seguridad y al gobierno. La carta que Miño entregó ese día finalizaba con una frase que quedó marcada para siempre en la memoria del pueblo: “Mi alma que desborda humanidad ya no soporta tanta injusticia”.

El asbesto es un mineral fibroso resistente al calor, a la electricidad y a la acción de agentes químicos. Sin embargo, la exposición a esta sustancia y su inhalación se traducen principalmente en tres graves enfermedades: el mesotelioma pleural maligno, la asbestosis y el cáncer pulmonar. El asbesto ha sido el causante de la muerte de cerca de 20 millones de personas a nivel mundial, según asegura el libro “Fibras grises de muerte: El silencio del mayor genocidio industrial en Chile”, publicado el 2013. Y no solo es un riesgo para los trabajadores que lo manipulan, sino para sus familias y cercanos –pues las fibras quedan en las ropas e insumos- y para la población en general cuando el mineral pasa al agua y al aire.

Ese 30 de noviembre de 2001, en la Plaza de la Constitución, Eduardo Miño se prendió fuego tras inferirse una herida con un cuchillo en el abdomen. A pocos metros, se desarrollaba un acto organizado por la Comisión Nacional del SIDA (Conasida), presidido por la entonces ministra de Salud Michelle Bachelet. Unos minutos después de que Miño se prendiera fuego, Carabineros intentó apagar su cuerpo en llamas con frazadas mojadas y extintores. Miño, tendido en el suelo y con más del 70% de su cuerpo quemado, conversó con una enfermera presente en el acto del Conasida, y que lo asistió. Miño le contó que tenía tres hijos y vivía en Maipú. Casi 15 minutos estuvo Miño sobre el suelo de la Plaza de la Constitución donde intentó ponerse de pie un par de veces, finalmente fue trasladado a la Posta Central.

A las 00:10 horas del sábado 1 de diciembre de 2001 falleció en la Posta Central de Santiago Eduardo Segundo Miño Pérez, de 50 años de edad, quien, tan solo un par de horas antes, se quemó a lo bonzo frente al palacio de La Moneda en protesta contra la industria Pizarreño, la Mutual de Seguridad y los organismos de Gobierno por no ejercer su responsabilidad fiscalizadora y no ayudar a las víctimas.

La carta que Eduardo Miño entregó ese día viernes 30 de noviembre de 2001 señalaba lo siguiente:

A la opinión pública: Mi nombre es Eduardo Miño Pérez, carné de identidad 6.449.449-K de Santiago. Militante del Partido Comunista. Soy miembro de la Asociación Chilena de Víctimas del Asbesto. Esta agrupación reúne a más de quinientas personas que están enfermas y muriéndose de asbestosis, participan las viudas de los obreros de la industria Pizarreño, las esposas y los hijos que también están enfermos, solamente por vivir en la población aledaña a la industria. Ya han muerto más de 300 personas de mesotelioma pleural, que es el cáncer producido por aspirar asbesto. Hago esta suprema protesta denunciando:

1.- A la industria Pizarreño y su holding internacional, por no haber protegido a sus trabajadores y sus familias del veneno del asbesto.

2.- A la Mutual de Seguridad por maltratar a los trabajadores, enfermos y engañarlos en contra de su salud.

3.- A los médicos de la Mutual por ponerse de parte de la empresa Pizarreño y mentirles a los trabajadores no declarándoles su enfermedad.

 4.- A los organismos de Gobierno por no ejercer su responsabilidad fiscalizadora y no ayudar a las víctimas.

Esta forma de protesta, última y terrible, la hago en plena condición física y mental como una forma de dejar en la conciencia de los culpables el peso de sus culpas criminales. Esta inmolación digna y consecuente la hago extensiva también contra: Los grandes empresarios que son culpables del drama de la cesantía, que se traduce en impotencia, hambre y desesperación para miles de chilenos. Contra la guerra imperialista que masacra a miles de civiles pobres e inocentes para incrementar las ganancias de la industria armamentista y crear la dictadura global. Contra la globalización imperialista hegemonizada por Estados Unidos. Contra el ataque prepotente, artero y cobarde contra la sede del Partido Comunista (PC) de Chile.

Mi alma que desborda humanidad ya no soporta tanta injusticia.

Eduardo Miño.