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47 años del golpe

El 11 de septiembre de 1973 marcó, sin duda alguna, un antes y un después en la historia de nuestro territorio. Las últimas palabras de Salvador Allende, pronunciadas a través de Radio Magallanes en pleno asedio golpista al palacio de La Moneda, resuenan aún entre el pueblo que se ha negado a perdonar y olvidar la masacre que llevaron a cabo las Fuerzas Armadas y Carabineros. Ambas instituciones, hoy defienden a los violadores de Derechos Humanos negándose a romper los pactos de silencio. Estas mismas instituciones a lo largo de toda su existencia no han hecho más que reprimir a los sectores populares y defender los intereses de las clases dominantes de nuestro país.

El inicio de la revuelta popular puso en la palestra los abusos de poder y violaciones a DD.HH que las fuerzas de orden público han llevado a cabo desde la vuelta a la democracia en adelante. En este contexto, FF. AA y Carabineros han asesinado, torturado, mutilado y detenido a miles de personas con plena impunidad, avalados por el Estado en defensa de la institución democrática controlada por la misma clase dominante de siempre y cimentada sobre las violaciones a los Derechos Humanos ocurridas tanto en dictadura como posteriormente.

El plebiscito que sacó a Pinochet del poder no significó el fin del legado de las lógicas instaladas por la dictadura en el país, sino que, por el contrario, forjó un Estado con una política abiertamente continuista en términos políticos brindando impunidad a los culpables de la represión, tortura y muerte de miles de chilenos. Además, aceptó a brazos abiertos un modelo socioeconómico impuesto a punta de balas y sangre.

En octubre del año pasado, después de 30 años de instalada la supuesta democracia que nos rige, fueron las políticas neoliberales y continuistas las sembradoras de desigualdad, injusticia, egoísmo y sufrimiento que salieron a flote. El inicio de la Revuelta Popular instaló la consigna “Chile será la tumba del neo-liberalismo”. Como una manera de, una vez por todas, acabar con el sistema instalado por la dictadura militar.

La conmemoración del 11 de septiembre está relacionado a la exigencia de verdad y justicia, y también, ligadas a la necesidad de no olvidar lo que ocurrió en nuestra tierra, a esto se le suma la significancia que ha ido tomando en estos 30 años. Estas son el combate contra las lógicas continuistas que asumió el Estado, al legado sociopolítico de la dictadura y al entendimiento de que esta democracia no es la que nuestros ejecutados y desaparecidos hubieran querido.

Las generaciones post-dictatoriales de la mano con las que si experimentaron ese período, hoy deben saber dar continuidad a la lucha por la justicia, no tan solo por los caídos y caídas sino que también para quienes hoy han sido víctimas de un Estado terrorista que ha infundido el miedo a través de la violencia represiva. Debemos comprender que la construcción de una sociedad más justa que deje decididamente atrás la herencia dictatorial y que garantice una participación democrática real y efectiva donde el pueblo cumpla un rol protagónico de manera plena y directa es una tarea central que, además, da continuidad a los principios de quienes fueron y siguen siendo asesinados, torturados, detenidos y desaparecidos en nuestro país.