Compartir
Reforma Agraria

Por Nicolás Arraño Moreno[1]

A 50 años del triunfo de la Unidad Popular (UP) en las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970, resulta necesario reivindicar los logros y el legado de aquel proceso encabezado por el presidente Salvador Allende Gossens, que durante sus 1000 días de gobierno logró poner los ojos del mundo sobre esta larga y angosta franja de tierra. Y será precisamente la tierra, un escenario crítico de avances y disputas durante el período, con la profundización de una Reforma Agraria que transformará de manera irreversible el mundo rural chileno.

El programa de la UP, se proponía superar las trabas estructurales que bajo su diagnóstico truncaban el desarrollo soberano de país. De esta manera, en las primeras 40 medidas del gobierno anunciadas durante la campaña, se expresaba claramente la voluntad por acabar con la dependencia económica, la extranjerización de las riquezas y la alta concentración de la propiedad y el ingreso. En conformidad con ello, la “vía chilena al socialismo” se planteó acabar definitivamente con el latifundio, haciendo presente en la medida numero 24 la necesidad de una “Reforma Agraria de verdad” que sobre la base de potenciar la participación del campesinado profundizara el proceso iniciado en la gestión democratacristiana.

Si bien el gobierno no contaba con la mayoría parlamentaria para impulsar su propia ley, vale destacar que la Ley 16.640 de Reforma Agraria y 16.625 de Sindicalización Campesina promulgadas por Frei en 1967 brindaron un amplio marco de acción para llevar a cabo las profundizaciones que el gobierno popular pretendía implementar en el agro. Así, la UP no requirió de reformas constitucionales y ni alteró las facultades de CORA e INDAP, apoyándose en iniciativas legales e instituciones creadas con anterioridad[2]. Buscando acelerar el proceso, se reemplazó la lógica de intervención por fundo y se dio paso a la proyección zonal[3], lo que permitió que en tres años de gestión se expropiaran cerca de 4.500 predios con 6,6 millones de hectáreas[4] y beneficiando a cerca de 40.000 familias, en contraste con las 3,4 millones de hectáreas y las 28.000 familias del gobierno anterior[5].

Por otro lado, se fortaleció el protagonismo del campesinado en el proceso por medio los Consejos Campesinos que operaron a nivel territorial, llegando a formarse en más de 180 comunas e incidiendo en distintas áreas a escala local y regional, como producción, planes de desarrollo rural, crédito, comercialización, infraestructura, políticas sociales y laborales[6]. Así también, a finales de 1970 se conformó el Consejo Nacional Campesino, cuyos representantes escogidos democráticamente cumplirían un rol asesor del Ministerio de Agricultura, pues conforme a lo indicado el tercero de los 20 puntos básicos de la Reforma Agraria “El gobierno de la Unidad Popular se entenderá sólo con estos representantes campesinos porque ellos son los verdaderos representantes del 98 % de la población, que vive y depende de la agricultura”[7]. En tanto, tan solo entre 1970 y 1971 se logró capacitar en materia de política, economía y organización sindical a casi 12.000 campesinos a través de convenios y programas[8], reafirmando lo sostenido por el presidente Allende en agosto de 1971 en cuanto a que “Reforma Agraria no es sólo, el cambio de propiedad de  la  tierra,  sino  que,  además,  es  hacer  posible  que  el  trabajador  de  ella,  el  campesino,  el  mediero,  el  afuerino,  cambien  su  vida  y  su  existencia,  eleven  su  vida  y  su  capacitación.  Reforma  Agraria  es  tierra,  más  crédito,  semillas,  abono,  planificación, mecanización, sindicación de la tierra. Es educación y es salud”[9].

De esta manera, durante el gobierno popular se alcanzaron índices de sindicalización campesina nunca antes ni después vistos en la historia nacional. Fortaleciendo las instituciones de apoyo para el desarrollo y fomento de las organizaciones campesinas y bajo la legislación legada por el gobierno de Frei, se advirtió un impresionante crecimiento en las cifras de sindicalización, pasando de 128.000 afiliados en 1970 a cerca de 300.000 al momento del golpe de Estado. Por otro lado, a 1973 75.000 pequeños y medianos agricultores se encontraban agrupados en torno a 308 cooperativas[10].

En lo que respecta a las formas de propiedad, la administración de Allende modificó los asentamientos con el objetivo de dar solución a los problemas que esto habían presentado, referidos a la agrupación de los predios, la dificultosa relación entre inquilinos, antiguos patrones, empleados, voluntarios, medieros o afuerinos[11]. Así, se crearon en la práctica y por vía administrativa los Centros de Reforma Agraria (CERAS) y los Centros de Producción (CEPROS), que dieron mayor poder de decisión a los campesinos. Los primeros consistían en formas transitorias de propiedad colectiva que agrupaban a varios fundos expropiados en torno a una sola unidad productiva y que posibilitaban la integración de todos los campesinos, lo que significó la incorporación de cualquier mayor de 16 años que hubiera trabajado en el predio sin importar su condición previa[12]. En tanto, los CEPROS, de propiedad estatal, correspondían a aquellos predios especializados, altamente capitalizados y tecnificados como estancias ganaderas o plantaciones frutales de gran productividad. Estos dependían de técnicos y funcionarios de CORA y su fuerza de trabajo se componía de trabajadores asalariados. En la práctica, todos estos formatos combinaron la gestión técnica y financiera estatal con la activa participación campesina en la toma de decisiones en una especie de empresa colectiva que fuertemente asesorada por el sector público convivía con las pequeñas explotaciones familiares (casa y huerto) que por derecho tenían todas las familias campesinas comprendidas en la Reforma[13].

Sin embargo, el proceso estuvo repleto de dificultades, pues la propia implementación de CERAS, CEPROS, Consejos Comunales, como estos eran concebidos y proyectados fue motivo de discusiones en el seno de la coalición de gobierno. Además, se experimentó un auge en la movilización rural que exigía la aceleración del proceso, lo que se expresó en un aumento de 148 tomas en 1969 a 456 en 1970 y cerca de 1300 en 1972. Esta auténtica revolución campesina que a ratos puso en aprietos a Allende, se vio enfrentada del otro lado con una reacción latifundista que resistía el proceso y que cumpliría un rol fundamental en la desestabilización y boicot en contra del gobierno en torno a la Sociedad Nacional de Agricultura, la Confederación Nacional de Empleadores Agrícolas de Chile, la Confederación Nacional de Asentamientos Campesinos, el Consorcio Agrícola del Sur y la Federación de Cooperativas[14].

A pesar de estos problemas y contra lo que algunos sectores han intentado imponer como verdad, en términos de productividad alimentaria la Reforma Agraria de la UP resultó exitosa e incluso grandes iniciativas privadas consideradas un aporte al desarrollo nacional experimentaron un período de bonanza, pues se le facilitaron permisos de exportación a empresarios frutícolas, mientras que el sector vitivinícola contó con un régimen especial de asociación con el Estado. De hecho, el aumento y diversificación de la producción agraria y el desarrollo frutícola y forestal llevaron a la agroexportaciones a alcanzar cifras records en el año 1972[15] y no obstante los paros patronales, el bloqueo económico, el mercado negro, el desabastecimiento y la inflación, los estudios más sofisticados son contundentes en señalar que el período 1970-1973 fue el de mayor disponibilidad de cereales, productos de chacarería y productos totales por habitante[16]. Si bien en cultivos industriales (azúcar, aceites, etc.) se nota una leve baja respecto del periodo anterior, su producción y disponibilidad se recuperó el año 1974, pues las cosechas de lo plantado en el ocaso de la UP fueron bastante mejores que la de años anteriores, siendo capitalizadas finalmente por la dictadura.

El golpe de Estado frenará brutalmente el proceso y emprenderá una Contrarreforma Agraria que no podrá restituir el latifundio, pero que desestructurará por completo la reforma anterior. Las tierras reformadas serán entregadas sus antiguos dueños, rematadas públicamente y en menor medida entregadas a campesinos, con exclusión de quienes participaron activamente de la reforma. La posterior neoliberalización del agro, sumamente exitosa en términos macroeconómicos (que en buena medida se debe a las transformaciones impulsadas por la Reforma y el Plan de Desarrollo Frutícola y Forestal que llevó adelante la Corfo desde mediados de los sesenta)[17] , marginará al campesinado beneficiario, arrojándolos sin mayor amparo a la suerte del mercado y convirtiéndolos en trabajadores agrícolas sin cabida alguna para la organización en un Plan Laboral, que vigente desde 1979, ha impedido siquiera recuperar los niveles de sindicalización alcanzados en los primeros meses de la UP.

La situación actual de la escena rural en el país, se encuentra definida por campesinos, hoy llamados pequeños y medianos propietarios agrícolas, que ven limitada su capacidad productiva a causa de la convivencia con grandes proyectos extractivos, como agroindustrias, monocultivos y forestales orientados al mercado exterior que depredan recursos y disponen de fuerza de trabajo en un marco institucional permisivo en materia laboral y ambiental. Es en este escenario que asuntos atendidos en el programa agrario de la UP y expresados en su gestión cobran vigencia, nos referimos al compromiso institucional con el campesinado en materia de asesoría técnica y financiera[18], a las políticas de protección de los recursos naturales[19], al sistema previsional presupuestado para el campesinado[20] y al tratamiento del problema indígena, que expresado en un agitado clima en la Araucanía desde fines del gobierno de Frei, motivó a Allende a trasladar el Ministerio de Agricultura a Temuco entre diciembre de 1970 y marzo de 1971, donde se respondió a las históricas demandas mapuche por la tierras usurpadas acelerando el proceso expropiatorio en la zona y restituyendo en tal período más de 150 mil hectáreas de tierra a las comunidades. Inclusive, en 1972 fue dictada una Ley Indígena que si bien se aprobó con modificaciones al proyecto original, logró establecer la inembargabilidad de las tierras. Por supuesto, la Contrarreforma Agraria y la imposición del neoliberalismo en el campo echarían por tierra, paradójicamente, todos estos avances.

A modo de conclusión, se hace necesario brindar el sitial histórico que corresponde a la Reforma Agraria de la Unidad Popular, la que respondió a las expectativas transformadoras de la sociedad chilena, latinoamericana y del mundo hace 50 años[21]. Se deben derribar mitos y barreras ideológicas que no han permitido dimensionar los logros de lo que fue el proceso de mayor democratización que el campo chileno ha atravesado durante toda su historia,  poniendo fin definitivo a las abusivas prácticas patronales que durante siglos sostuvieron el improductivo latifundio sobre la base de la autoridad religiosa, cultural, social, política y económica que implicaba la tenencia de la tierra.


Fuentes y recursos bibliográficos:

-20 puntos básicos de la Reforma Agraria del gobierno de la Unidad Popular.

-Avendaño Pavez, Octavio. 2017. La Reforma Agraria chilena: entre el gradualismo y la transformación acelerada, Anales de la Universidad de Chile 12, (agosto): 39-62.

-Bengoa, José. 2016. Historia Rural del Chile Central, Tomo II. Chile: LOM.

-Chonchol, Jacques. Ponencia presentada en el debate “A 50 años de las Reforma Agraria: Tierra, participación y democracia”, durante el Primer Festival del Libro y la Palabra de LOM (Chile: 2017).

-Coordinación de Organizaciones Nacionales Campesinas. “La Reforma Agraria y el campesinado chileno”. Anales de la Universidad de Chile 12, (agosto 2017): 173-182.

-Gómez, Sergio & Echenique, Jorge. 1988.Agricultura Chilena: Las Dos Caras de la Modernización. Chile: Flacso.

-Gómez Echeñique, Sergio. 2017. 50 años de la Reforma Agraria. Anales de la Universidad de Chile 12, (agosto): 21-36.

-Huerta, María Antonieta. 1979. Reforma Agraria chilena 1938-1978. Universitas Humanística 11 (diciembre): 159-188.

-Instituto Nacional de Desarrollo Agropecuario. 2017. Toda una vida: historia de INDAP y los campesinos (1962-2017). Chile: INDAP.

-Las primeras 40 medidas del Gobierno Popular.

-Le Monde Diplomatique. 2017. Dossier Reforma Agraria.  Chile: Editorial aún creemos en los sueños.


[1] Licenciado en Historia, Universidad de Chile. Integrante de la Corporación Mundo Rural Pro.

[2] Octavio Avendaño. 2017. 50 años de la Reforma Agraria, Le Monde Diplomatique. Chile: Editorial aún creemos en los sueños. Pág. 28.

[3] Cuarto punto del Programa Agrario de la Unidad Popular.

[4] Jacques Chonchol. Ponencia presentada en el debate “A 50 años de las Reforma Agraria: Tierra, participación y democracia”, durante el Primer Festival del Libro y la Palabra de LOM (Chile: 2017); Sergio Gómez & Jorge Echenique, La Agricultura Chilena: Las Dos Caras de la Modernización, (Chile: Flacso. 1988); José Bengoa, Historia Rural del Chile Central, Tomo II (Chile: LOM, 2016); María Antonieta Huerta, “Reforma Agraria chilena 1938-1978”, Universitas Humanística 11, (diciembre 1979).

[5] Sergio Gómez Echeñique, “50 años de la Reforma Agraria”, Anales de la Universidad de Chile 12, (agosto 2017): Pág. 28.

[6] Instituto Nacional de Desarrollo Agropecuario (INDAP), Toda una vida: historia de INDAP y los campesinos (1962-2017), Pág. 116.

[7] Tercer punto del Programa Agrario de la UP.

[8] Coordinación de Organizaciones Nacionales Campesinas. “La Reforma Agraria y el campesinado chileno”. Anales de la Universidad de Chile 12, (agosto 2017): Pág. 179.

[9] Discurso “Sobre la propiedad agrícola y la Reforma Agraria”, ofrecido el 22 de agosto de 1971. En Faride Zerán. “Presentación”. Anales de la Universidad de Chile 12, (agosto 2017): Pág. 10.

[10] Sergio Gómez. Op. Cit. Pág. 27.

[11] Ibid. Pág. 28; Jacques Chonchol. Op. Cit. Pág. 12.

[12] INDAP. Op. Cit. Pág. 114.

[13] Ibid. Pág. 115.

[14] Véase Oscar Oszlack. La trama oculta del poder: Reforma agraria y comportamiento político de los terratenientes chilenos, 1958-1973, (Chile: LOM, 2016).

[15] Octavio Avendaño, La Reforma Agraria chilena: entre el gradualismo y la transformación acelerada, Anales de la Universidad de Chile 12, (agosto 2017): Pág. 40 & 53.

[16] José Bengoa, Op. Cit. Pág. 324-325.

[17] Ibid. Pág. 41.

[18] Primer punto del Programa Agrario de la UP.

[19] Vigésimo punto del Programa Agrario de la UP.

[20] Decimosexto punto del Programa Agrario de la UP.

[21] Aunque la necesidad de una Reforma Agraria era una demanda histórica de la izquierda, lo cierto es que tanto en el ámbito nacional como internacional había un alto grado de consenso respecto a la urgencia por implementar cambios profundos en el agro, de manera tal que instituciones como la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL), Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Organización de Estados Americanos (OEA) e incluso la Iglesia Católica a través del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), se mostraban proclives a la emprender cambios de envergadura en el ámbito rural, llegando esta última a iniciar antes que el propio estado chileno la entrega de predios de su propiedad a campesinos, a partir de 1961.