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Caballero-Solar

Por Dani K. Arroyo

El 24 de julio, operativos del OS-9 de carabineros irrumpieron en los domicilios de Francisco Solar y Mónica Caballero para detenerlos en presunta conexión a la colocación de cuatro artefactos explosivos en Santiago entre julio del 2019 y febrero de este año. A las 7:26 de la mañana del mismo día, La Tercera ya publicaba su nota al respecto: “Francisco Solar y Mónica Caballero fueron detenidos acusados del envío de bomba a Hinzpeter y otros tres artefactos explosivos”, etiquetada como “caso bombas”. Rápidamente, la fiscalía y la prensa empresarial denominaron estos sucesos el “caso bombas 4”, para crear un vínculo entre este caso y el denominado “caso bombas 1” del 2010, del cual Solar y Caballero fueron absueltos por falta de pruebas que acreditaran su participación en los hechos. De esta forma, se creo rápidamente una narrativa mediática en la prensa empresarial que, sin juicio alguno, condena de forma implícita a ambos imputados.

En las últimas semanas, solo en un diario (La Tercera), se han publicado al menos trece artículos sobre el caso, de los cuales la mayoría hacen mención del “caso bombas 1”. Además, citan extensivamente la narrativa presentada por la fiscalía y el Ministerio Público, llegando hasta reconstruir en formato de noticia lo relegado por el fiscal durante la audiencia de formalización, que duró ocho horas, y durante la cual los defensores y defensoras de Caballero y Solar tuvieron la oportunidad de mostrar en qué puntos la narrativa presentada por la fiscalía era dudable. Por ejemplo, el abogado Nicolás Toro, representante legal de Solar, puso en duda la afirmación que había hecho el fiscal sobre un basurero donde se habría encontrado cuatro días después de los hechos una prenda de vestimenta con material genético que calza con material genético encontrado en una de las bombas. El fiscal afirmó que este basurero, en pleno Santiago centro, no habría sido intervenido en cuatro días antes de que se revisara la evidencia; sin embargo, Toro puso en duda durante la audiencia la posibilidad que un basurero en un lugar tan transitado no habría sido intervenido en tanto tiempo. Por supuesto, la prensa empresarial no menciona el punto de Toro, solo las afirmaciones del fiscal.

En esta misma línea, los artículos publicados citan principalmente a la fiscalía, o derechamente miembros del gobierno (como el ex-Ministro Blumel); ninguno hace mención de los comunicados de grupos como la Coordinadora 18 de Octubre por la liberación de lxs presxs políticxs, o la Feria Anticarcelaria, que agitan contra el sistema carcelario chileno y con los cuales Caballero y Solar tienen vínculos. Esto no es coincidencia, ya que estos grupos denuncian la actitud que han tomado los medios empresariales frente al caso: “La rapidez con que los medios accedieron a las presuntas pruebas presentadas por la fiscalía, su presencia carroñera durante las detenciones y el abordaje morboso que le han dado al caso evidencian una vez más que el poder tan arraigado que tienen en los cimientos de la sociedad se sustenta en su servilismo a los ricos y a su complicidad con la policía”, escribe la Coordinadora 18 de Octubre con respecto a la atención mediática que han recibido Caballero y Solar. Menos han compartido las palabras que Mónica Caballero ha hecho publicas sobre su encierro, donde expresa solidaridad con otros presos y presas políticos, como los presos políticos mapuche.

Así, la prensa empresarial selecciona la verdad que le sirve para inculpar públicamente a Caballero y Solar (es decir, la información que viene desde el Estado y el oficialismo), descartando todo el resto de la información, que procede de fuentes populares. Esto no es un hecho aislado, es simplemente como trabaja la hegemonía mediática. Este caso no es más que un ejemplo que demuestra de forma particularmente clara la histórica complicidad de los medios empresariales con la criminalización de la protesta.

Esta misma tendencia de citar casi exclusivamente actores ligados al Estado estuvo presente a lo largo de la revuelta popular y en los meses que la siguieron, tras el inicio de los procesos penales de las personas formalizadas por delitos vinculados a la revuelta. De la misma forma, son los medios empresariales quienes han hecho ojo ciego a la huelga de hambre de los presos políticos mapuche, aún cuando varios, incluyendo al Machi Celestino, se encuentran con distintos grados de riesgo vital o de salud. Si remontamos aún más en el tiempo, podremos observar como estos medios participaron activamente en reportar sobre el injusto proceso judicial de estos mismos, pintándolos siempre como culpables o terroristas. Estos medios se remiten a no ser más que los voceros del poder; más que cómplices, son aliados en la legitimación de la represión del Estado contra actores sociales o políticos que se posicionan contra este mismo.

De esta forma, los medios empresariales ayudan a fortalecer el aparato represivo estatal: a través de la repetida narrativa que crece la delincuencia, que sube el terrorismo, que hay anarquistas peligrosos en cada esquina, se busca generar un consenso sobre el desarrollo del aparato represivo, que justificaría medidas como la nueva Ley de Inteligencia. De hecho, no es coincidencia que La Tercera vinculara explícitamente el caso de Caballero y Solar con el desuso de la Ley Antiterrorista, en una columna sobre la dificultad de hacer uso de esta ley, ya que “el estándar que piden los tribunales para condenar es muy alto y la pena no es tan significativa”, y por ende no sería suficientemente punitiva ni fácil de utilizar contra luchadores sociales. La sugerencia implícita de tales columnas es que la ley debería ser más fácil de aplicar, aumentando la represión y la criminalización de la protesta. Además, este consenso pasivo que buscan generar los medios empresariales sirve también para echarle carbón al fuego de elementos reaccionarios dentro del propio pueblo – una narrativa mediática que enfáticamente representa a luchadores y luchadoras mapuche como terroristas sin duda contribuye a la agitación racista que se ha observado en los últimos días en el sur del país. Así, la prensa empresarial cumple el rol de fortalecer el poder, legitimando su expansión en la opinión pública, y también de alentar a grupos reaccionarios.