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50 años del triunfo de la unidad popular

El 4 de septiembre de 1970, y luego de tres elecciones perdidas, el candidato a la presidencia por la Unidad Popular (UP), el socialista Salvador Allende, alcanzaba la primera mayoría de los votos con un 36,2%. Derrotando así al representante de la derecha, el ex-Presidente Jorge Alessandri con 34,9% y a Radomiro Tomic de la Democracia Cristiana (DC) que alcanzó el 27,8% de los 3.539.747 ciudadanos inscritos en los registros electorales.

Han pasado 50 años de aquella noche en que Allende desde la sede de la FECH se dirigió a las miles de personas que se congregaron para celebrar su triunfo frente al cerro Huelén declarando:

“Somos los herederos de los padres de la patria y juntos haremos la segunda independencia: la independencia económica de Chile. Les pido que se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada. Esta noche, cuando acaricien a sus hijos, cuando busquen el descanso, piensen en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile, y cada vez más justa la vida en nuestra patria”.

Sus palabras daban cuenta tanto de lo trascendente del triunfo, así como también de las dificultades que se enfrentarían para llevar a cabo lo que se conocía como la Vía Chilena al Socialismo, es decir, el intento por materializar un proceso revolucionario desde la institucionalidad existente. Su primer paso se daría con éxito ese 4 de septiembre al ganar las elecciones. A partir de ese momento, en el resto del mundo se comenzaría a hablar del primer gobierno marxista en llegar al poder mediante el sistema de sufragio universal. 

Pero, ¿qué hace posible el triunfo de una coalición que agrupa a los principales partidos de izquierda de la época reunidos en la UP -los partidos Socialista, Comunista, MAPU, Radical y Social Demócrata y la Acción Popular Independiente-  enfrentada al poder político y económico de la elite dominante nacional y extranjera? El análisis que se hace a través del programa de gobierno de la UP, describe cuál es el país que elige a Salvador Allende.

Medio millón de familias carecen de viviendas y otras tantas viven en pésimas condiciones en cuanto a alcantarillado, agua potable, luz, salubridad. Más del 50% de los trabajadores reciben remuneraciones insuficientes para cubrir sus necesidades vitales mínimas. Desde 1960 el costo de la vida subió en un mil por ciento. El 50% de los menores de 15 años de edad están desnutridos, afectando su crecimiento y su capacidad de aprender. 

Mientras que un 10% de la población acapara la mitad de la renta nacional. “Esto significa que de cada cien escudos que los chilenos producen, 50 van a parar a los bolsillos de 10 oligarcas y los otros 50 deben repartirse entre 90 chilenos, del pueblo y de la clase media”. 

“Lo que ha fracasado en Chile es un sistema que no corresponde a las necesidades de nuestro tiempo. Chile es un país capitalista, dependiente del imperialismo, dominado por sectores de la burguesía estructuralmente ligados al capital extranjero, que no pueden resolver los problemas fundamentales del país”.

“Las recetas ‘reformistas’ y ‘desarrollistas’ que impulsó la Alianza para el Progreso (programa de ayuda impulsado por los Estados Unidos para intentar hacer frente a la influencia de la Revolución Cubana en latinoamérica) e hizo suyas el gobierno de Frei no ha logrado alterar nada importante. En lo fundamental ha sido un nuevo gobierno de la burguesía al servicio del capitalismo nacional y extranjero, cuyos débiles intentos naufragaron sin pena ni gloria entre el estancamiento económico, la carestía y la represión violenta contra el pueblo”.

“En Chile se gobierna y se legisla a favor de unos pocos, de los grandes capitalistas y sus secuaces, de las compañías que dominan nuestra economía, de los latifundistas cuyo poder permanece casi intacto (…) A los dueños del capital les interesa ganar siempre más dinero y no satisfacer las necesidades del pueblo chileno”.

Ante dicha realidad, “la única alternativa verdaderamente popular y, por lo tanto, la tarea fundamental que el gobierno del Pueblo tiene ante sí, es terminar con el dominio de los imperialistas, de los monopolios, de la oligarquía terrateniente e iniciar la construcción del socialismo en Chile” -señala el programa.

Sin embargo, al no obtener Allende una mayoría absoluta de los votos debía ser ratificado por el Congreso Pleno el 24 de octubre de 1970. De la misma forma que Jorge Alessandri en las elecciones de 1958 donde alcanzó el 31,2% de los votos. Vencía entonces al candidato del Frente de Acción Popular (FRAP), Salvador Allende que llegaba al 28,9% de los sufragios.

Así, todos los esfuerzos de la reacción se enfocaron en impedir que Allende se convirtiera en Presidente. Y se intervino en todos los planos posibles para lograr dicho fin.

Las respuestas; tanto del gobierno norteamericano de Nixon, para quien la llegada de la UP a La Moneda podría ser un ejemplo a repetir en países latinoamericanos y europeos; como de la derecha chilena, representante del latifundio y el monopolio económico nacional; y del sector más derechista de la Democracia Cristiana, a quienes la CIA le había entregado millones de dólares desde el año 1962 para impedir el triunfo de un gobierno popular, no se dejaron esperar.

Una parte de las maniobras fue en el ámbito de la política institucional. La derecha intentó convencer a los parlamentarios DC de no ratificar a Allende, sino que nombrar a Alessandri. Una vez en la Presidencia este renunciaría convocando a nuevas elecciones a las que se presentaría nuevamente Frei con el apoyo de la derecha, repitiendo la fórmula que lo llevó al poder en 1964. 

Desde el gobierno saliente de Frei Montalva, se comenzó una campaña anticomunista del terror pronosticando el desplome de la economía, maniobra encabezada por el entonces ministro de Hacienda, Andrés Zaldivar. El mismo presidente Frei realizó insinuaciones para provocar algún tipo de desenlace, incluso militar para impedir la llegada de la izquierda a La Moneda. Sugerencias que Frei realizaba sin involucrarse directamente y que los norteamericanos atribuían a la intención por preservar su imagen política. Pero que definitivamente jugaron un papel importante en la creación de un clima de incertidumbre y rumores para crear temor e influir en los parlamentarios y altos mandos militares.

La CIA se sumó a los esfuerzos por lograr que el Congreso no ratificara a Allende. No obstante, en paralelo financió acciones de propaganda, mantuvo contactos con oficiales de las FFAA, con la clara intención de apoyar un golpe de Estado y grupos de extrema derecha para la realización de acciones terroristas y de sabotaje.

En este contexto la respuesta de la ultra derecha sería el nacimiento del movimiento Patria y Libertad.

En los casi dos meses que siguieron a la elección se registraron catorce atentados con dinamita. Incluso se intentó hacer volar el aeropuerto de Pudahuel cuando se hicieron explotar más de cien litros de combustible.

A dos días de la convocatoria del Congreso Pleno, el 22 de octubre, un grupo financiado por la CIA y dirigido por el general en retiro Roberto Viaux intenta secuestrar al Comandante en Jefe del Ejército, general Schneider, para atribuir dicha acción a la izquierda y forzar la votación del Congreso a favor de Alessandri. Schneider, se defiende y es ametrallado con armamento suministrado desde la embajada norteamericana, falleciéndo tres días después.

El 24 de octubre, de un total de 200 parlamentarios, 153 votaron por Allende, 35 por Alessandri y 7 votos fueron en blanco.

Finalmente, el 3 de noviembre de 1970 asumió el gobierno de la Unidad Popular por el que debió ser un período de 6 años. Sin embargo, el anhelo de millones de mujeres y hombres por construir un país socialista justo y próspero no bastaron para derrotar la codicia de las clases dominantes que tres años después convirtieron dichos sueños en una pesadilla donde se impuso el horror de la persecución, el exilio, la tortura, las desapariciones, la muerte y cuyas heridas abiertas se sienten aún en nuestros días.