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Organismo de DDHH dieron curso a la colocación de una placa recordatoria del campo conocido el año 1973 como “Isla Riesco”, en el marco de una serie de actividades y colocación de memoriales de lo que se llamado la “Ruta de la Memoria”.

La historia.
El Campo de Concentración “Isla Riesco”, ubicado al interior de un fundo en el llano Lliu Lliu, valle de Colliguay, funcionó bajo el control del Servicio de Inteligencia Naval (SIN). Se trataba de un campo de concentración construido por la Infantería de Marina con el trabajo forzado de un grupo de presos políticos sacado del Buque Lebu, en octubre de 1973. Los prisioneros tuvieron que cercar con dobles alambradas de púas el lugar y levantar las barracas en que habitaban. Eran vigilados desde una torre con reflectores y el terreno alrededor fue minado con explosivos. El Campo de Concentración Isla Riesco se ubicaba en el sector de Colliguay, al interior de Valparaíso, por ese lugar pasaron cientos de prisioneros. Testimonio de sobrevivientes describieron lo que allí vivieron, mencionando muertes y desaparecimientos ocurridos desde ese lugar. Uno de los declarantes señala que en el mes de diciembre de 1973 allí había 250 hombres recluidos. Los detenidos permanecían en celdas cavadas al interior de profundos pozos.
Isla Riesco llegó a cobijar sobre 600 presos políticos. Su nombre y las medidas adoptadas para el traslado de prisioneros impidieron conocer su existencia, pero la búsqueda de Jaime Aldoney (detenido-desaparecido) reveló a la justicia su ubicación: A 950 metros sobre el nivel del mar y en una zona de difícil acceso, ubicada al interior de un fundo en el llano Lliu Lliu, valle de Colliguay, está Isla Riesco, el campo de concentración que dos testigos que han declarado ante la jueza Gabriela Corti identifican como el lugar donde se encontrarían los restos del desaparecido ex interventor de la Compañía de Cervecerías Unidas (CCU), Jaime Aldoney. La existencia de ese recinto de crímenes y torturas no había podido ser comprobada debido a que las personas que estuvieron detenidas allí siempre fueron conducidas con la vista vendada y trasladadas en su gran mayoría en helicóptero. La denominación que se le dio en la Armada contribuyó también a ocultar su rastro, al igual que el hecho que se trató de un centro de tortura y reclusión de tránsito.
La jueza Corti posee actualmente antecedentes que prueban que desde octubre de 1973 y hasta abril de 1974 este campo de concentración funcionó bajo la dirección de agentes del SIN, los mismos que ordenaban las torturas y asesinatos en la Base Aeronaval el “El Belloto” y en el Sanatorio Naval. Además, los testimonios de un ex integrante de la Armada y de un civil que estuvieron en este sitio, cuyas identidades permanecen en reserva por razones de seguridad, han permitido establecer que en ese período estuvieron recluidas ahí 600 personas en una primera etapa, para luego descender rápidamente a 200.
Un equipo especializado de detectives del Departamento Quinto de la Policía de Investigaciones revisó recientemente los restos de este campo de concentración, desmantelado a fines de 1974 debido a la inestabilidad del terreno, el difícil acceso de vehículos y las inundaciones en períodos invernales. Actualmente hoy sólo se encuentran en el lugar montículos de tierra y pozos de profundidades de seis y doce metros, señalando un evidente testimonio de la práctica habitual de tortura en ese recinto: los detenidos eran enterrados allí y luego podían volver a respirar el aire en la superficie, cuando uno de los infantes de marina se apiadaba de ellos.
Las cuatro perforaciones en el suelo, con dimensiones que permiten cobijar varios cuerpos en su interior, provocaron inquietud entre la policía civil, que de inmediato alertó a la ministra Corti de la necesidad de realizar cuanto antes la inspección de este terreno, propiedad de la familia Matte. Sin embargo, la diligencia no se ha podido concretar después de tres intentos fallidos por la carencia de recursos para efectuarla dadas las enormes dificultades de acceso que presenta.
En el extremo norte del recinto existe evidencia de remoción de tierras con al menos cuatro montículos sobresalientes producto de excavaciones recientes. Si a ello se suma la presencia de bloques de cemento de al menos dos metros de diámetro, el escenario revela indicios que indican que algo se ocultó en el lugar.
Frecuente era -relatan los lugareños- escuchar durante gran parte del día, pero especialmente en la noche, helicópteros que trasladaban extraños bultos que jamás supieron a qué correspondían.
En un comienzo muchos de los prisioneros que estuvieron en las minúsculas celdas de la Isla, bajo la vigilancia de infantes de marinas, señalaban que habían permanecido en una isla. Lo cierto es que los antecedentes demuestran que se ubicaban en un sitio en extremo húmedo con minas a su alrededor y que estaba bajo la tutela del SIN.
Hasta diciembre de 1973 los infantes de marina protagonizaron -según relatan los habitantes de la zona- violentos altercados. Era común escuchar simulacros de fusilamientos y habitualmente se veía en el cielo una densa humareda, en extremo sospechosa. Pero tal vez lo que más alerto a los vecinos fue el ir y venir de helicópteros que abandonaban cargas y tomaban otras con rumbo desconocido. Incluso los arrieros aseguran que vieron cómo cientos de personas deambulaban en el patio interior del recinto bajo la atenta vigilancia de las metralletas de los marinos. Luego, cuando los conscriptos de la Armada tomaron el control de la Isla en enero de 1974, hubo una notoria disminución de ruidos de armas. Ya no pasaban tan seguidos los helicópteros y se vislumbraba -aseguran los lugareños- que los prisioneros eran menos. Estos informes y los recuerdos de prisioneros que estuvieron en el lugar, han contribuido a dilucidar el modus operandi de la Armada en la zona y la preponderancia del Servicio de Inteligencia Naval en las actividades represivas coordinadas con Carabineros e Investigaciones.
Aunque eran escasas las posibilidades de salir con vida de Isla Riesco, hubo sobrevivientes que han relatado a la jueza Corti su accidentada permanencia en el lugar; otros en cambio, fueron traslados hacia el Buque Lebu y conducidos hasta Pisagua.
Las investigaciones judiciales aún no personifican la estructura jerárquica de mando en la Isla, pero testigos señalan que muchos de los responsables de el “El Belloto” visitaban frecuentemente este centro y ejercían roles de jefatura. Entre otros, mencionan a Patricio Villalobos Lobos, quien se desempeñó como jefe de inteligencia de aviación naval y es reconocido en el “El Belloto” como uno de los más violentos interrogadores. También destaca quien ocupara el puesto de comandante de esta base aeronaval, Sergio Iván Mendoza Rojas, quien asumió como jefe de plaza de Limache y Olmué. Por último, se indica que el oficial Pedro Pablo Arancibia, alias el “Colorín”, participó en las torturas de la Isla Riesco.
Las investigaciones que realiza la ministra Gabriela Corti en Valparaíso han establecido que la detención de Aldoney en la Tercera Comisaría de Limache -donde estuvo sólo durante horas- fue realizada por efectivos de la policía civil y uniformada respaldados por un grupo de civiles miembros de Patria y Libertad de Limache. Luego, durante su paso por la base aeronaval de “El Belloto” sufrió torturas aplicadas por miembros de la Armada vinculados al SIN. No obstante, es al salir de “El Belloto” cuando Aldoney pasa a manos del SIN, entidad que lo traslada clandestinamente a la Isla Riesco. De los 89 casos de desaparecidos que existen en la Quinta Región, sólo la de Aldoney ha permitido lograr mayores antecedentes sobre la represión criminal desatada por la Armada y en especial sobre la realizada por el SIN.

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