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Sin que se sepa realmente por qué murió, cómo murió, y sin que exista una investigación para explicar por qué su cuerpo de casi un 1.80, terminó reducido a 90 centimetros calcinado en un incendio en el supermercado Alvi de Maipú, sin que ni la policía, ni los bomberos, ni los muchos curiosos que fueron despues, advirtieron su presencia en los días posteriores.

Maicol llegó a Santiago en septiembre del 2019. Colaboraba en un hogar de ancianos, en el que nadie quiso ni siquiera reconstruir sus últimos momentos de vida. Ni reconocer su vínculo laboral incluso a pesar del cuaderno de turnos que llevaba Maicol.

ESA NOCHE DE OCTUBRE, 23 DE OCTUBRE, HABÍA TOQUE DE QUEDA.

Cómo cada noche, Maicol hizo una video llamada con su familia en Antofagasta, donde reside su mamita, como solía llamarla. Estaba tirado en la cama, era tarde, lo acompañaba una colega. Estaban libres. Pero dormían ambos en ese hogar de ancianos, conocido por sus múltiples denuncias de maltrato los abuelitos.

Término la llamada como a las 10 de la noche.
Nunca más nadie lo vio.
Nadie sabe cómo salió del hogar.
Nadie quiso hablar.

Apenas tras los ruegos de su hermana que viajo desde Antofagasta a Santiago, el hijo de la dueña del hogar Años Dorados de Maipú, accedió a devolverle su mochila con las cosas personales del joven, no si antes insinuar que Maicol era un delincuente de baja monta, negándose a dar detalles de cómo salió del hogar sino tenía ni llaves y sin reconocer ningún vínculo laboral.

El joven, muy cercano a la iglesia, no es recordado así por sus amigos. Pero como sea, lo cierto es que nadie sabe cómo Maicol apareció incinerado en el Alvi dos días después del siniestro. Nadie merece morir en la más absoluta impunidad.

Un incendio que comienza finalizando el toque de queda esa madrugada.

UN INCENDIO QUE NO SE INVESTIGÓ.

Un incendio que no tuvo víctimas durante los dos primeros días después de ocurrido y que extrañamente, de pronto, luego de haber sido un punto de intensas coberturas periodísticas de medios y vecinos aficionados, escupió en las puertas de recinto, el cuerpo de Maicol… ahí mismo, tan a la vista que un transeúnte lo advirtió a simple vista.

¿Por qué bomberos no lo vio?
¿Por qué nadie lo vio?
¿Por qué el Alvi fue demolido sin que mediara investigación alguna?

Gladys, su hermana, tocó todas las puertas. Solo pudo viajar una vez desde Antofagasta. Ni siquiera para retirar el cuerpo, que fue enviado hasta el norte del país casi que por un currier después de que Gladys lograra juntar y pagar un millón de pesos a una funeraria que despachó los restos de Maicol a Antofagasta, con una orden de sepultacion inmediata de la SEREMI.

CANTARON, REZARON.

ASÍ SE FUE MAICOL.

Pd: Maicol era un joven ecuatoriano. No debiera importar, pero quizás la xenofobia tuvo algo que ver en su muerte.

Primera Linea

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