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Ya van cincuenta días de revuelta popular en Chile, y las más diversas expresiones se han encontrado codo a codo en las calles del país. Hemos leído lienzos y pancartas por montones, rayados en las paredes, flyers repartidos mano a mano, stencils, stickers pegados en las micros, murales, como si las paredes fueran el lienzo ideal para pintar las demandas del pueblo. Así mismo, otras formas de manifestarse han ido apareciendo con fuerza, empujadas por el arte como una herramienta potente de posicionamiento y transformación social. Las performances, intervenciones artísticas que buscan romper con la normalidad a través de propuestas disruptivas que llamen la atención, han sabido ganarse su lugar en las calles y en la lucha. Han abierto una nueva perspectiva y ampliado el abanico de posibles formas de manifestación, poniendo el arte y la creatividad al servicio de las causas que impulsan al movimiento social en Chile.

Un evidente ejemplo es el de la intervención “Un violador en tu camino”, creado e impulsado por el Colectivo Lastesis de Valparaíso, que pone en el centro el tema de la violencia contra las mujeres, específicamente, la violencia sexual y la impunidad en torno a esta. Con una formación lineal, vendas en los ojos y una coreografía sencilla, se corea la letra de la canción en plena vía pública, capturando al instante la atención de los transeúntes. Pero ¿qué es lo que ha causado tanto impacto e interés en esta intervención? A mi parecer, lo directo del mensaje y el nivel de identificación que este genera en las mujeres, sin importar su ocupación ni edad, porque es una realidad cruda de la cual día a día tomamos más conciencia. Por lo demás, encontraron las palabras precisas para decir que es el Estado y sus instituciones quienes permiten la perpetuación de la violencia hacia las mujeres, en múltiples formas y niveles.

La invitación a replicar la intervención ha convocado a millones de mujeres a lo largo del país, quienes se han organizado e irrumpido en el espacio público para entonar la canción. Entonces, el efecto no es tan sólo mediático, sino que ha forjado encuentro y organización entre mujeres, ha levantado cuestionamientos, ha propiciado la reflexión y unificado la rabia, el dolor tras la violencia. Ha posicionado un tema que por mucho tiempo estuvo invisibilizado, e incluso ha hecho que muchas mujeres compartan sus testimonios de violencia, silenciados durante tanto tiempo, en algunos casos, durante toda una vida. Tal es el impacto que puede tener una acción artística bien pensada y colectivizada, replicada simultáneamente y con fuerza a lo largo y ancho de un país que estuvo obligado a abrir los ojos y escuchar que “la culpa no era mía”, hasta internalizarlo y volverlo nuestra verdad.

Camila Álamos Mubarak

Primera Linea

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