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Hoy, por quinta semana consecutiva, miles de ciclistas se tomaron las calles de Santiago y de Chile. Al mismo tiempo que los ciclistas avanzaban por Tobalaba, en el sector oriente de la capital, Sebastián Piñera anunciaba su nueva propuesta al movimiento social: más represión e incluso, con militares en las calles.


Es difícil escribir sobre lo que ha hecho en estas cinco semanas el movimiento de furiosos ciclistas sin hablar de lo que ha pasado en el país desde el viernes 18 de octubre, el día en que Chile despertó.


Hemos sido testigos de la creatividad del pueblo durante las manifestaciones, del coraje y valentía de las personas que cubren la primera línea. Además, de la vuelta de nuestro querido y fiel compañero de movilizaciones estudiantiles: el Negro Matapacos. En este periodo de tiempo nos hemos conocido, hemos reído juntos y también llorado. Hemos visto caer a los nuestros y nos hemos estremecido con tanta injusticia desatada y represión contra nuestro pueblo.


Sebastián Piñera ha respondido con una “agenda social” que no toca el modelo ni su estructura criminal. Además, nos declaró la guerra a través de una cadena nacional, sacó a los militares a la calle y ha respaldado una y otra vez al general director de carabineros, mismo director que dijo que no daría de baja a ningún uniformado que haya participado en un procedimiento policial. Procedimientos que tienen a más de 200 personas mutiladas, personas violadas y abusadas, torturadas,  en riesgo vital y muerta producto de golpes. En Chile se violan los derechos humanos y no es algo aislado, lo podemos ver una y otra vez en las calles de nuestro país.


Sin embargo, y a pesar de la brutal represión por parte del Estado y el “gran acuerdo por la paz y la nueva constitución”, que fue una estocada al movimiento social por la “oposición” parlamentaria, el pueblo ha resistido y se ha mantenido firme y con la convicción clara: no nos detendremos hasta que la dignidad se haga costumbre.
El movimiento de furiosos ciclistas o ciclistas revolucionarios, se ha tomado la calle durante las últimas cinco semanas e incluso, durante la segunda semana, llegó hasta la casa de Sebastián Piñera para manifestarle el total rechazo a las políticas establecidas por su gobierno y la represión desatada en las calles del país para mantener el privilegio de unos pocos.


He podido participar en tres de estas cicletadas masivas, la primera fue al sector oriente y en donde se concentra la clase social más acomodada del país. No sé cuál es el objetivo de cada uno de los recorridos que se han hecho, pero tengo mi propia opinión y perspectiva de ellos. Ese día una gran columna de ciclistas, hablo de miles, pasó por las afueras de la Clínica Santa María, lugar donde se encuentra internado Gustavo Gatica, joven que recibiera perdigones en sus dos ojos par parte de carabineros mientras fotografiaba la manifestación del día viernes 8 de noviembre. Al pasar por afuera del recinto hospitalario, el grito fue uno solo: “Gustavo, Amigo, el pueblo está contigo”. Ese grito se escuchó durante más de media hora.


El recorrido a la zona oriente pasó por sectores acomodados y donde sentimos que no éramos bienvenidos en el lugar, salvo por las y los trabajadores de los centros comerciales. Constantemente la gente del sector se tapaba las orejas y nos pedían que nos calláramos, cosa que obviamente no sucedió, e incluso, un ciclista fue amenazado con una arma de fuego por una persona que se creía dueño de las calles. Ese día nos hicimos sentir con fuerza y les dejamos en claro que no hay normalidad en nuestro país.


Ese día, 10 de noviembre, avanzábamos por Verspucio, casi llegando a Irarrazabal, cuando nos dimos cuenta que había una manifestación de vecinas y vecinos, con muchos niños presentes. Carabineros estaba apostado afuera del Mall Plaza Egaña y listos para disparar, cuando escucharon el estruendo de los ciclistas, hecho que los obligó a replegarse. Al mismo  tiempo, las personas que se manifestaban, corrieron para saludar a los ciclistas y gritar, en conjunto, Chile Despertó.


La madrugada del viernes 15 de noviembre, parlamentarios firmaron el “gran acuerdo por la paz”, acuerdo que pretendía la desmovilización del pueblo y darle paso a los partidos políticos para que tomara definiciones sobre el proceso constituyente que se abrió esa noche. La cicletada del domingo 17 siguió de todas maneras.


Ese día, con los furiosos ciclistas, fuimos al sector poniente y sur de Santiago. A decir verdad había más preguntas que respuestas. Nunca había sentido tanto amor por parte de gente que no conocía. En todas las esquinas había personas saludándonos, tirándonos agua con mangueras, dándonos agua con hielo y estirando las manos para que los saludáramos. Pensaba por qué ellos reaccionaban así, no lo hemos dado nada y solo andamos en nuestras bicicletas. Luego, me di cuenta, que lo que le entregamos a ellos, y a nosotros mismos, es esperanza. Esperanza en conquistar la dignidad para nuestro pueblo. Anduvimos por La Legua Emergencia, tan estigmatiza por los medios de comunicación, pasamos por calles que son más angostas que una vereda, y la reacción de la gente fue sacar sus mangueras, tirarnos aguas y gritar, junto a nosotros, que el pueblo unido jamás será vencido. Todo esto mientras la gente nos abrazaba. Nada ha terminado aún. Eso nos dejó en claro ese día caluroso en Santiago. Fue un largo tour por Pudahuel y por la Legua.


El día de hoy, y como todos los domingos anteriores, saqué de mi mochila las antiparras y la máscara de gas, eché el bloqueador y llené mi botella de agua. Partí temprano rumbo a la Plaza de la Dignidad. Avanzamos por Tobalaba hasta avenida Grecia y en todas las esquinas la gente se aglutinaba para gritar junto a nosotros. Hay imágenes que son difíciles de sacar de mi cabeza: abuelas y abuelos, gritando, abrazándose, felicitándonos, esta lucha es por ellos también. El recorrido fue extenso, igual que los anteriores, más de 30 kilómetros, pero si pudimos aguantar 30 años de injusticia y migajas, 30 kilómetros no son nada.

Primera Linea

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