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Organizaciones de Derechos Humanos de la V Región, convocados por la Agrupación Amigos del sacerdote Miguel  Woodward, se reunieron la mañana de hoy domingo 9 de junio en el Muelle Prat de Valparaíso, con motivo del zarpe del 64° crucero de instrucción del Buque Escuela Esmeralda, para denunciar las violaciones a los derechos humanos que se cometieron a bordo de este barco, el que fue utilizado después del golpe de Estado de 1973 como un centro de detención y tortura. En sus intervenciones exigieron que la Armada de Chile termine con el pacto de silencio que permite que hasta el día de hoy sigan impunes crímenes de lesa humanidad. Asimismo agregaron que:“La Esmeralda, ese barco que está allá, debería ser un viajero  de la verdad y la justicia, un centro de memoria flotante que promocione los derechos humanos, que diga que en Chile nunca más se va a encarcelar, se va a torturar, ni se va a asesinar a chilenos y chilenas por pensar distinto. Es barco debería viajar por el mundo diciéndole a todo aquel que suba a él que sentimos vergüenza por lo que sucedió en su interior. “

Con lienzos y pancartas, mientras desde el molo de abrigo zarpaba la Esmeralda, los y las manifestantes congregados en el muelle Prat realizaron un acto de protesta y denuncia, bajo la consigna “La Esmeralda: ni blanca, ni pura, fue centro de tortura”.

Javier Rodríguez, integrante de la Agrupación Amigos de Woodward, al hacer uso de la palabra manifestó:

“Estamos aquí un año más ante el zarpe del Buque Escuela Esmeralda para demostrar nuestra indignación por las atrocidades y violaciones a los derechos humanos que fueron realizadas a bordo de este barco. Mujeres y hombres chilenos fueron torturados arriba de este buque. En su cubierta murió un sacerdote llamado Miguel Woodward, un cura obrero. La Armada ha ocultado todos sus antecedentes, mostrando la cobardía de la Armada que no es capaz de reconocer lo que hizo. Creemos que el Buque Escuela Esmeralda no es una embajadora, ya que para nosotros fue un centro de tortura.”

Por su parte, Gladys Barrios, integrante de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, cuyo hermano, Marcelo Barrios, fue asesinado por un contingente de infantes de marina el año 1989, expresó lo siguiente:

“Nos encontramos aquí nuevamente para gritar fuerte y valientemente que nosotros no olvidamos y tampoco perdonamos. No olvidamos a nuestros familiares, a nuestros amigos, a nuestros padres, no olvidamos a un pueblo que fue encarcelado, un pueblo que fue torturado, que fue hecho desaparecer, un pueblo que fue perseguido sistemáticamente con toda la fuerza, con todo el poder y con todo el odio que este Estado Terrorista arrojó sobre ellos. Nosotros estamos exigiendo verdad, justicia, estamos exigiendo en este momento simbólico, en que el barco tortura Esmeralda zarpa, para pedirle a la Armada que de una vez por todas entregue todos los antecedentes, entregue a los criminales de lesa humanidad. Basta de cobardía. Pensamos que la Armada chilena no tiene honor ni gloria, ya que sigue protegiendo y amparando a asesinos y torturadores”

Otra integrante de las organizaciones de derechos humanos presente en esta actividad, hizo uso de la palabra para denunciar y hacer visible los abusos sexuales  cometidos por funcionarios del Estado en contra de niñas y mujeres, una situación que ha quedado bastante oculta. En parte de su intervención manifestó:

“Soy una mujer de una generación joven aún que no puede vivir tranquila en este país donde la impunidad aún se mantiene. Debemos luchar por justicia, por la memoria viva trasmitiendo a las nuevas generaciones lo que pasó hace pocos años en nuestro país. Los que estamos aquí somos sobrevivientes del horror, aquí no estamos contando historias, estamos contando nuestras experiencias de vida y la de nuestros familiares, estamos contando historias que nos sucedieron, de primera fuente. El barco que en  estos momentos está zarpando es un lugar en donde estuvieron prisioneras personas chilenas, las que fueron torturadas y abusadas sexualmente por funcionarios del Estado chileno. Como mujeres debemos luchar contra cualquier forma de patriarcado violento, más aún cuando viene desde el propio Estado, el que permitió que hombres abusaran de los cuerpos de niñas, de mujeres embarazadas a las que luego les quitaron sus hijas. Nosotras no necesitamos solo de memoriales donde recordemos el horror, necesitamos que se haga justicia, que haya verdad y se termine con la impunidad. Hago un llamado a los uniformados y uniformadas chilenas que hoy están acá para decirles que si quieren sentirse orgullosos y orgullosas del uniforme que llevan, exijan a sus instituciones que entreguen los nombres de los violadores y asesinos que todavía siguen protegiendo con su silencio cómplice.”

Una vez que el Buque Escuela Esmeralda zarpó desde el molo de abrigo, el grupo de manifestantes marchó desde el Muelle Prat hacia la Plaza Sotomayor, pasando por el costado del monumento a los Héroes de Iquique y por el lado de dos ferias presentes en la plaza, donde había un gran número de público, el que se detenía a escuchar las consignas y observar el paso de la marcha.

La actividad concluyó con un pequeño acto de protesta en el frontis del edificio de la Comandancia de la Primera Zona Naval,  lugar en donde volvieron a expresar lo planteado en el muelle, ante las miradas y oídos atentos de una pareja de marinos que se encontraban de guardia en la puerta del edificio institucional.  

Guillermo Correa Camiroaga, Valparaíso 9 de junio 2019

 

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