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Por Mario Aguirre Montaldo para Primera Línea Prensa.

No existe la objetividad en el periodismo, como no la existe en cualquier otra actividad de comunicación humana. Es inherente a nuestra condición contar con filtros emocionales, actitudinales y valóricos que comprometen el modo de evaluar la realidad e interpretarla. Hace años, un poeta chileno llamado Maceo Manquilef escribía: “El ser humano no es un animal racional, es una bestia interpretacional”.

Así es, vamos por el mundo interpretando corrientemente todo lo que nos rodea y para ellos estamos premunidos de un arsenal de prejuicios, aprendizajes y condicionamientos, algunos evidentes y otros velados a nuestra propia comprensión.

De modo que no existe el periodista aséptico, desprovisto de corazón y, en consecuencia, no existe periodismo verdaderamente objetivo. Pero cosa distinta es la objetividad de otros factores que determinan el derecho a la información.

En Chile se afirma que está “garantizada la libertad de prensa”. Falso de falsedad absoluta. Para alcanzar un desarrollo democrático genuino y completo, no basta garantizar esta libertad. Es necesario asegurar la diversidad informativa y la independencia informativa.

La diversidad está dada por la condición que permite que todas las expresiones, corrientes de opinión y de creencias puedan estar representadas en los medios. La segunda apunta a que una línea de contenidos no esté determinada por factores externos que generalmente son de carácter económico. No existe independencia si los contenidos están regulados por el rating y por el acceso a la publicidad que se oferta. En rigor, quienes determinan o regulan los contenidos son los avisadores comerciales, es decir, las grandes empresas con lo que se sigue confirmando que estamos sutilmente inmersos en una Dictadura Empresarial.

La “libertad de información” entendida de ese modo es libertad restringida solo para los que puedan comprar grandes medios y para quienes deseen colocar graciosamente sus avisajes.

El concepto de “libertad de prensa” es tan fraudulento como la democracia chilena.

 

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