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Por: Pablo Vanni-Bastías N.

Más allá de la leyenda detrás del gran escape protagonizado en conjunto con otros frentistas, la humanidad del actualmente radicado en Suiza es producto de su relación dialéctica y cíclica con los últimos acontecimientos más importantes de la historia de nuestro país.

Por medio de unos audios Patricio Ortíz nos respondió una serie de preguntas que en sus palabras tenían “largas respuestas”. Y el espectro sonoro mostró mucho, radicado en Zurich -Suiza- hace años, habló esta vez desde las Islas Canarias, donde pasó las vacaciones. Su voz -cansada, rodeada de quietud- habló introduciéndonos en la tarde con sus hijos, en la cotidianidad tras años de juicios, escapes de película y narraciones de leyenda. Su pasado -o presente- como militante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez parece ser un paréntesis permanente en medio de la quietud de la vida en el primer mundo.

Y es que Ortíz, el mismo que escapó junto a Ricardo Palma Salamanca, Pablo Muñoz Hoffmann y Mauricio Hernández -el comandante Ramiro- en la llamada Operación Vuelo de Justicia, hoy mantiene una vida ligada al ejercicio, a las artes marciales y a la instrucción de estas. Se dedica a enseñar a mujeres que han sufrido maltrato, una señal de permanente compromiso que parece conectarlo con las calles del Santiago de la dictadura, donde muchos durante los ochentas eran golpeados, secuestrados y desaparecidos.

Pero, ¿cómo empezó todo esto?, ¿cómo es que un rodriguista terminó tan lejos de su país? Sus palabras son claras, no cree que las cosas pasen “por naturaleza”, su análisis sigue siendo el del marxismo clásico. La dialéctica de los hechos que en su dualidad se transforman en síntesis, y llevan a nuevos caminos que jamás serán al azar, sino el producto de todas las acciones humanas, de su construcción social, de sus anhelos más íntimos.

“Con armas en las manos”

Los años setenta fueron vertiginosos, él era chico cuando llegó el golpe, pero lo vivió muy de cerca. Su padre, militante comunista era secuestrado por los órganos de seguridad de la dictadura y llevado al campo de exterminio en Peldehue -comuna de Colina, al norte de la Región Metropolitana- mientras él con su hermano Pedro observaban una ruptura en su inocencia, él tenía un poco más de siete años.

“El que hayamos asumido desde tan pequeños donde se rompe la inocencia, generó un hiato muy fuerte, una separación muy grande entre la normalidad y la brutalidad de la realidad”, explica, mientras rememora lo que fue todo un proceso en que su progenitor desapareció, volvió a aparecer -sobrevivió los apremios de la tortura- y fue encarcelado nuevamente durante más de un año.

Otra cosa fue lo que le dijo Pedro, su hermano, vaticinando lo que se convertiría en la médula, lo sustancial, de su afiliación al FPMR años más tarde. “Cuando se llevaron a mi padre, él me dice teniendo siete años ‘oye patricio, si vamos a pelear, como peleó mi papá, lo vamos a hacer con armas en las manos’ ”.

En este devenir, Patricio tuvo que luchar consigo mismo, en años en que no era tan fácil atreverse, menos en lo que respecta la vía armada. “El miedo puede conducirnos a una catalepsia que nos imposibilita el buscar una forma de cambiar un órgano oprobioso, pero por otro lado, te puede entregar las herramientas para superarlo, vivir con él y lograr tus sueños más profundos, nuestra apuesta con Pedro fue buscar un compromiso, una forma de inserción que nos permitiera llevar una lucha hasta las últimas consecuencias”.

El Rodriguismo y los rodriguistas

Más allá del relato épico contado muchas veces por la televisión, adornado por la imagen de
“bandidos” con el que se trata de cubrir a quienes fueron parte del proyecto rodriguista, Patricio habla con un poco más de humanidad del joven que fue y que hoy observa Chile desde lejos. Su postura es rígida, pero móvil ante el tiempo, no se rompió con la adultez avanzada y encontró la madurez que confirma su proyecto.

“El promedio de edad de los militantes del Frente eran los 25 años. Ese ímpetu, esa energía y ganas de crear, de revolucionar el orden, no creo que queda sepultado por el tiempo. Hoy mantenemos, desde otras formas, vigente en nuestros corazones y perspectivas esa impronta de aquellos años (…) estoy cada día más convencido de que es necesario un cambio fundamental a este orden, a esta forma de relacionarnos, de constituirnos como seres humanos”.

No consulto sobre los dichos de Ricardo Palma Salamanca en una entrevista a The Clinic, aunque la diferencia es abismal. En otros medios señaló que esa era una cuestión que se guardaría , un “non comments” que arreglaría cara a cara con él. Entendible podría ser una posible decepción de Patricio ante la victoria del neoliberalismo en nuestro país, sin embargo acá solo se impone un relato de quien acumula fuerza, de alguien que no fue derrotado. Un chequeo y contrachequeo permanente en una lucha de largo aliento.

“Estamos más viejos ,tenemos la carrocería más estropeada, pero esas energías todavía están ahí. Además, el diagnóstico que teníamos de esa época hasta ahora es mucho más grave en términos sistémicos. Una crisis que atañe todos los aspectos donde se desenvuelve el ser humano, hay una crisis ecológica, energética, valórica y antropológica. De las relaciones entre los seres humanos y el resto de los seres vivos de este mundo. Algo que nos hace replantearnos qué modelo queremos para una sociedad más justa”, expresó.

Chile hoy: ¿donde está la izquierda?

Llegaron los 90’s y el discurso del jaguar se convirtió en el intento de ser la España post Franco. Su hermano Pedro fue asesinado por gendarmería en medio de un intento de fuga, él mismo salió por los aires en un escape que adorna murales en las calles de Santiago. Lo místico del Frente fue lo que más quedó, lo que hoy parece ser un germen en las múltiples organizaciones políticas que los reivindican.

En este sentido la transición avanzó, y en muchos aspectos trató de demostrar que los grupos como el FPMR estaban “superados”, que la lucha armada de la dictadura no tenía lugar en el diálogo democrático ni en los avances “en la medida de lo posible”. Que no existía la posibilidad de adaptar las formas de hacer política a procesos de acumulación de fuerza social. Así muchos que siguieron la vía del Frente en las poblaciones se quedaron sin una alternativa política en medio de la paz neoliberal.

“La élite tuvo la capacidad de convencernos a las grandes mayorías, a sectores importantes, que el camino planteado por la concertación era el más coherente, el que traería menores efectos negativos a quienes se adscribieron a él (…) tuvieron bastante capacidad los ideólogos del proyecto de reconciliación o de justicia en la medida de lo posible”, sondeó.

En este contexto nacieron muchas de las organizaciones (o “piños”) que dieron vida a iniciativas como el Frente Amplio. Sin embargo, Patricio mira esta experiencia desde la distancia, no parece convencido con el 20% en las pasadas elecciones, es más, se presenta crítico ante un sector que considera “adaptado” a la institucionalidad, alejado realmente de la expectativa de generar cambios profundos.

“Considero que la izquierda no se plantea el problema del poder. Son un sector que va desde discursos medianamente antiautoritarios, posturas socialdemócratas, hasta llegar a prácticas reaccionarias. Han sido cooptados, muchos vienen de la experiencia de resistencia estudiantil, y curiosamente en ese tránsito hacia la institucionalidad perdieron todo hálito de rebeldía antisistémica. Hoy se plasman en una lógica de reproducción del orden. Discurso que plantea verdades, pero que en la práctica no hay una clara proyección de acumulación de fuerzas para un cambio revolucionario”, su voz toma un tono más ronco, quizá el cansancio.

Finalmente, en cuanto a qué camino real queda, Patricio a pocos segundos de terminar el audio afirmó que “las luchas por los marginados tienen espacio en esta gran lucha. Zizek dice que hay que ir inventando conforme uno se enfrenta a la realidad (…) hay que apostar por la solidaridad a nivel planetario y fundamentalmente en latinoamérica”.

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