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Por: Juan Carlos Peña

Antropólogo , Universidad Central de Venezuela (UCV)

Investigador del Instituto de Estudios Críticos Chile – Venezuela 

Octubre de 2018

Sin dudas que el río trae piedras para Venezuela, pero en ese río amplio y diverso que es la geopolítica multipolar de estos tiempos que vivimos, no resulta tan fácil emitir juicios o anticipar escenarios.

Diría que, en apariencia, en el tablero de ajedrez ya están apostados los primeros movimientos que definen la estrategia para atacar, y a su vez, la de defensa. Cada actor ha realizado sus jugadas iniciales y ha establecido relaciones o alianzas estratégicas que garanticen o comprometan esfuerzos y recursos para la consecución de su propio rumbo de acción. Sin embargo, ¿de qué factores depende la ejecución hasta sus últimas consecuencias? Que no son otras que la intervención militar en territorio venezolano en pos del control de los recursos estratégicos que posee el país.

En primer lugar, toca analizar actor por actor, y luego las relaciones que han venido estableciendo entre sí; sólo desde allí es que podemos partir hacia el análisis de los posibles escenarios. Los dos principales actores son Venezuela y Colombia, por supuesto, víctima y agresor respectivamente, que más que un juego de roles, constituyen el posible teatrode los movimientos militares en esta trama latinoamericana de la geopolítica multipolar.

Según los indicios planteados, Colombia sin dudas empezó en el tablero de ajedrez con las blancas. Dicho curso de acción quedó evidenciado a plenitud en el intento de magnicidio a Maduro junto a toda la cúpula político-militar venezolana, justo cuando se producía la transición de Santos a Duque. Talagresión contra Venezuela debía traer consecuencias graves,sin embargo, el costo político no era tanto y sería contenido mediáticamente por el control que poseen sobre dichas cadenas tanto Estados Unidos como los demás aliados en la región y el mundo. Y en todo caso, recaería más que nada en Santos, el Presidente saliente, con lo cual quedaría sin efecto todo reclamo.

Por su parte, Venezuela sale con las negras, y como tal al principio le toca en este tablero ser reactiva, lo cual no implica que siempre vaya a ser así; de hecho, con las decisiones que ha tomado a partir del evento terrorista de los drones, tanto en materia diplomática como política y económica, logra situarse -según mi criterio- en una posición de fuerza. En primer lugar, ha empezado a contener, dentro de lo posible, esa intensa ofensiva mediática y diplomática que implica la llamada “crisis de los refugiados”, estrategia a largo plazo y elemento clave para justificar la intervención. Si bien el Plan “Vuelta a la Patria”, trayendo de regreso avenezolanos que huyen de los sistemas de explotación imperantes en Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, más que nada ha servido para perforar la matriz mediática dominante y al menos plantear dudas acerca de tal crisis, de ninguna manera puede este plan por si sólo contrarrestar dicha avalancha y,sobre todo, parar la ofensiva diplomática que con declaraciones de gente como Bachelet en la ONU han establecido que el éxodo de venezolanos y venezolanas estáalrededor de 2,3 millones de personas.

No hay dudas acerca de que Venezuela atraviesa una crisis económica muy fuerte y que por ello se haya producido un gran éxodo de venezolanos, sin embargo, esto no se traduce necesariamente en una crisis humanitaria, al menos según de los términos formales que emplea la ONU; por ello es que esta estrategia tiene las “patas cortas”, como toda mentira. En lo personal, no creo que vaya a producirle a Colombia y Estados Unidos más réditos de los que ya ha dado; incluso lo del “barco hospital” en los ejercicios militares UNITAS 2018 ha sido contrarrestado en términos mediáticos por la presencia del barco hospital chino en el puerto de La Guaira hace unos días.

La batalla hasta ahora discurre con mucha fluidez en los terrenos diplomático y mediático, pero el pase a lo militar depende de factores que todavía no están dados. En primer término, Colombia por sí sola no puede lanzar una agresión de esta naturaleza, y tampoco creo que vaya a servirles de mucho movilizar paramilitares para accionar en territorio venezolano tal como se ha hecho en Siria. No hay duda de que en los distintos niveles del gobierno de Estados Unidos haya gente planeando, haciendo lobby y ejecutando todo tipo de acciones para impulsar una eventual intervención enVenezuela, sacar a Maduro y apoderarse de los inmensos recursos del país.

Toda guerra es un negocio y, como tal, está sometida a una relación de costo-beneficio. ¿Qué tanto reditúa una acción militar de Estados Unidos en Venezuela? No lo sabemos a ciencia cierta, pero es claro a mi entender que los gringos no son tontos y saben bien que sostener una cabeza de playa en la llamada “media luna” de Venezuela constituida por los estados fronterizos con Colombia, es altamente costosa en recursos militares, en costo político, etc., incluso si dicha acción se lleva a cabo a través de paramilitares colombianos o una fuerza internacional combinada.

Por otra parte, ¿sus supuestos beneficios son tales? Yo diría que lo son, pero no están donde se supone debieran estar. Me refiero concretamente a que el petróleo más abundante de Venezuela no está en la media luna, la caída de la producción petrolera en el lago de Maracaibo es un hecho real, desde hace tiempo se ha venido descuidando esta producción por efecto de que se inclinó la balanza de las inversiones hacia la explotación del petróleo de la faja del Orinoco y con ello, no se han invertido recursos suficientes para mantener en estado óptimo la explotación en el lago; y por otra parte, no es menos cierto que dicha reserva es la primera que se va agotar en el país porque ya lleva casi 100 años de explotación. Sin dudas, el potencial de recursos de la zona de la faja del Orinoco no tiene competencia, porque además contiene inmensos recursos minerales en oro, coltán, hierro, aluminio, diamantes, torio, etc.

Esta situación hace de la media luna una zona de segunda importancia, obligando a los países que se embarquen en una intervención a tener que dominar todo el territorio venezolano, lo cual conlleva exceder por mucho los costos políticos y militares en relación a los beneficios de unaaventura como esa. Por otra parte, dentro de la lógica de los Lobby en Estados Unidos, sería necesario poseer el control del Congreso para poder aprobar dicha acción, y en estos momentos de división interna con los demócratas enfrentados a Trump, sería difícil lograr que se apruebe una gran movilización de tropas norteamericanas para una “intervención humanitaria”; mientras que una intervención encubierta no contaría de ninguna manera con los recursos necesarios para hacerse del dominio de todo el territorio venezolano.

En otro orden de ideas, con las medidas económicas Venezuela ha logrado poner un pie firme en el rescate del control de su recurso petrolero. Por una parte, el aumento del precio de la gasolina debería redundar en una disminución sustancial del contrabando hacia Colombia, lo cual por unlado exigiría a éste el dedicarse a solventar su inminente crisis energética, afectando de paso la producción de su principal fuente de ingreso que no es otra que la cocaína. No en vano,la ONU certificó que Colombia rompió el récord de producción de coca, aumentando las áreas de cultivo en más del 17%; no olvidemos, a su vez, que la gasolina es un insumo necesario en la elaboración de la cocaína.

Asimismo, el incremento del valor de la gasolina a precios internacionales debería fortalecer los ingresos, aumentando los recursos financieros del Estado venezolano tanto por concepto de extensión de la recaudación, como por la disminución de la pérdida de recursos relacionada al contrabando de gasolina.

Agregando a estos elementos la reciente gira de Maduro cuyo resultado fue una consolidación de la relación con China, tenemos por una parte un apuntalamiento con recursos financieros frescos para el rescate de la industria petrolera, así como del resto de las actividades extractivas del país. Con ello Venezuela podría, en principio, emprender el plan de recuperación económica con fuerza y, asimismo, involucrar a un actor geopolítico fundamental a este tablero de ajedrez. Esta alianza estratégica sin dudas complica aún más el escenario de intervención, colocando a Venezuela como un “aliado privilegiado” de China en la región. Con ello, como mínimo contaría con el apoyo político de una potencia con poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, lo que no deja de ser un factor por considerar en toda iniciativa de intervención en el país, sobre todo si una de carácter militar abierta y unilateral está, al menos desde mi punto de vista,bastante descartada.

Todo este panorama que he descrito coloca a Venezuela en una posición ventajosa en el escenario de una posible intervención y, quizás, aleja de manera momentánea tal posibilidad. Sin embargo, dicha situación está lejos de resolverse de forma definitiva.

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