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Hemos sido testigos como el movimiento estudiantil feminista se viene extendiendo con fuerza por todo el país. Ésta semana se han sumado más planteles a los paros y tomas; todas con inusitada fuerza y convicción. Las demandas son cada vez más claras: expulsión de los abusadores (funcionarios y profesores) de las instituciones; construcción de protocolos adecuados contra la violencia y el abuso; incorporación en las mallas de estudios que aborden la problemática de la violencia género desde un enfoque feminista, entre muchas otras demandas más.

Primera Línea se entrevistó con Paulina Ocaranza, estudiante de Trabajo Social de la UTEM y vocera de la toma de la misma carrera. Con ella recorrimos los motivos de las movilización, sus objetivos y propuestas más importantes. 

Primera Línea, Santiago

¿Cómo comenzó la movilización en el UTEM?

La movilización surgió por un hecho puntual. El día 25 de abril, en medio del proceso de elección de centro de estudiantes, uno de  los simpatizantes de la lista (varón) agrede verbalmente a una de las compañeras del Tricel. Frente a la situación (que fue rápidamente conocida por el estudiantado) comienzan a llegar una serie de denuncias contra el mismo sujeto. Incluso, en éste contexto, nos llegó un catastro de denuncias antiguas sobre la misma persona, donde se denunciaban actos de violencia de género en procesos políticos (elecciones de federación, centros de estudiantes u otras instancias políticas); todas agresiones hacia mujeres de carácter sexista. Frente esto,  el Tricel convoca a una asamblea para explicar la situación, y entregar su renuncia. Allí, en ésta asamblea, se socializó la denuncia. Por cierto, ese mismo momento, muchas de las compañeras presentes se sintieron identificadas con el relato.

En ese contexto, las compañeras que habían hecho las denuncias anteriores, también comienzan a explicar las situaciones de violencia que habían vivido (hubo mujeres de distintas carreras, no solo de Trabajo Social). La asamblea se identificó y sensibilizó con éste hecho, y los hechos de violencia en general. Muchas compañeras, incluso sin conocerse, se emocionaron mucho… hasta las lagrimas.

La decisión de la asamblea (mixta) fue la de expulsar a la persona acusada de los espacios de organización de la universidad, debido todos los hechos de machismo y violencia en los cuales había incurrido. Ésta persona estaba presente en la asamblea, incluso reconoció algunos de los hechos, pero negando que fueran de carácter machista. Luego de la asamblea, y la expulsión de ésta persona, las presentes nos quedamos, nos abrazamos y lloramos juntas. Y es que nos identificamos todas como compañeras, como hermanas. Entre las presentes sacamos un comunicado y levantamos una página de Facebook (Estudiantes De Trabajo Social Utem Organizadas). En el comunicado damos a conocer los hechos que ocurrieron el día viernes.

Luego de hacer público el comunicado y desvelando el actuar de la persona agresora, nos llega un mensaje de una compañera de la Universidad de Chile, quién acusa a otro compañero de Trabajo Social por hechos de abuso. Frente a ello, junto a las compañeras que nos habíamos organizado el día viernes, vimos la necesidad de problematizar la denuncia de la compañera de la Universidad de Chile (junto a las otras). Esto, pues, habíamos acordado el día viernes que si atacaban a una nos defenderíamos todas. 

¿De qué manera comenzó la toma?

El día lunes 7, luego de todo lo que había pasado, tomamos la decisión de llamar a una asamblea de mujeres para el miércoles 10; de mujeres, pues entendemos que los procesos de violencia y reparación deben ser tratados entre mujeres; ya que si hay hombres presentes las mujeres no podrán decir todo lo que piensan y sienten. La cita fue a las 10 de la mañana. A las 09.00 ya estaba lleno, incluso, la mayoría faltó a sus clases y prácticas para poder asistir a tan importante e histórico espacio. Por supuesto que también habían compañeros (varones) preocupados e interesados en la problemática. Pero les explicamos que, aunque agradeciendo su disposición, interés y apoyo, era necesario que el espacio fuera solo de mujeres. Los compañeros entendieron.

Nos trasladamos al casino y empezamos a trabajar y reflexionar sobre lo que había pasado el viernes anterior. Muchas compañeras comenzaron a sincerarse realizando denuncias; salieron a la luz hechos de violencia intrafamiliar; entre parejas; incluso violaciones, incontables hechos de violencia, de todo tipo, que habíamos vivido a lo largo de toda nuestras vidas. Fueron alrededor de 4 horas donde las compañeras se expresaron. Lloramos, pero lloramos acompañadas. Entre todas nos apoyamos. Frente a ello, nos dimos cuenta que la problemática de la violencia no pasaba solo por el compañero de carrera que expulsamos el día viernes. Tampoco sobre los problemas de abuso o acoso que pudieran haber de forma puntual. El problema es la violencia que vivimos todas las mujeres solo por el hecho de serlos.

Nuestra conclusión más importante fue que nuestra conflicto no se acotaba a nuestra carrera. El viernes había explotado por una situación puntual pero iba mucho más allá. Decidimos hacernos cargo de ello, por nosotras y por todas nuestras compañeras. Como la universidad no iba darnos los espacios para organizarnos, pues siempre prioriza lo académico, surge la moción de irnos a paro o toma, y de ese modo disponer del tiempo y el espacio que necesitamos para hacernos cargo realmente del problema.

Obviamente, yéndonos a toma podríamos tener el espacio de la universidad día y noche, toda la semana, lo que nos permitiría trabajar mucho. Pasamos lista, ¡éramos 150 mujeres!. En ese mismo contexto, los compañeros que estaban organizándose desde afuera nos mandaron un carta explicando que estaban dispuesto a apoyarnos en todo, y que además, frente a todo lo que ocurría, estaban realizando un esfuerzo por cuestionar su propia posición de privilegio. Cualquier decisión que tomáramos, indicaron los compañeros, sería apoyada complemente por ellos. Se votó por la toma a las 13.00hrs. Salimos del casino y nos dirigimos a la dirección de escuela las 150 compañeras más 50 compañeros que se sumaron.

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Nos identificamos como mujeres, como persona históricamente violentadas. Nos tomamos el espacio y comenzamos a trabajar a nivel de carrera, universidad y también nacionalmente. Por cierto, recibimos una serie de ataques misóginos; incluso nos llamaron “fascistas”; nos dijeron incluso  que íbamos a destruir las formas organizacionales de la escuela. A todo esto nos enfrentamos  cuando iniciamos nuestra organización.

Desde allí, con 150 personas que nos permiten hacer muchas cosas, hemos ido trabajando en la discusión y la problematización de nuestra situación. De hecho ya tenemos casi listo nuestro petitorio.

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El machismo y la violencia es un suerte de “enfermedad social”. Muchos de los actos de machismo que cometen algunas personas son responsabilidad de la sociedad misma, incluso de nosotras que a veces avalamos éste tipo de comportamiento; reproducimos permanentemente prácticas machistas sin darnos cuenta. Por ello es que es tan complejo trabajar esto: por un lado las mujeres super empoderadas, despertando en medio de la rabia y las ganas de luchar, y, por otro, a los hombres que nunca se habían hecho un cuestionamiento como éste. Respecto al recepción del estudiantado, ¿como viene siendo? 

En algunos casos los comentarios han sido de burla… como Trabajo Social es la carrera más movilizada de la universidad, resulta que nos acusan muchas veces de “buscar excusas” para paralizarnos y no tener clases. Pero una vez que hemos ido a los espacios de estudiantes a explicar las razones de la toma, efectivamente hemos logrado cambiar muchas de las percepciones y prejuicios. Pero es complejo, pues no podemos obligar a todas las compañeras y compañeros a educarse sobre esto. De todos modos hemos realizados los esfuerzos necesarios para explicar que esto es un problemática nacional y una enfermedad  social.

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La institución, por otro lado, no ha tenido hasta el momento ningún acercamiento. El día de ayer sacaron un comunicado donde hacen ver sus supuesto “logros” conseguidos durante los últimos años. Pero todas las actividades que hace la universidad son en una “nube”, desde una elite para una elite. Nada de esto realmente baja a las bases, a los estudiantes, a las mujeres de la UTEM. Nuestra universidad no tiene ningún cátedra, por ejemplo, con enfoque de género, o donde se trate la violencia machista realmente en profundidad. Lo que es muy grave. Todas la carreras deberían tener cátedras de violencia de género obligatorias en sus mallas. Ni siquiera en Trabajo Social las tenemos, apenas en tercera año tenemos un electivo sobre violencia intrafamiliar, lo que es absolutamente insuficiente. Menos todavía carrera como las ingenierías, por supuesto. Además, es super des-ubicado que la universidad mande un comunicado con aquel, considerando, por ejemplo, que el señor Fantuzzi es uno de los consejeros de la universalidad: él mismo sujeto que protagonizó el hecho de la “muñeca inflable” el año 2016. Alguien así no puede trabajar en universidad como ésta. Quizás que tipo de conversación tiene éste señor en lo privado, o en el mismo consejo. En general, profesores y profesoras, se han acercado muy poco. Incluso hay cosas pequeñas frente a las cuales se había comprometido la institución pero que no han cumplido. Por ejemplo, el año 2016, realizamos una movilización exigiendo salas cunas. Hasta el día de hoy, pese a que se suponía que el 2017 iba estar resuelto, no pasa nada. Todas sabemos lo difícil que es ser mamá y estudiar, incluso trabajar; así y todo no hay respuesta.

La violencia la vivimos día a día. Tenemos que toparnos a cada rato con quién en la calle nos tira un “piropo” (nos insultan) o con el compañero o profesor de la universidad que nos agrede, pero que sigue impune. Por eso pasamos inmediatamente a la toma. Es realmente demasiado lo que tenemos que soportar como mujeres. Estamos cansadas de todo esto. No podemos seguir esperando, tenemos que cambiar la actual situación.

¿Cuáles son las líneas que están trabajando en el petitorio?

Nuestra exigencia inmediata es la destitución de los profesores y funcionarios que han tenido conductas violentas y misóginas, o que han cometido abusos de algún tipo. También exigimos un petitorio que realmente de cuenta de las necesidades que tenemos. Además pedimos que el petitorio sea construido de forma triestamental, pues, aunque la movilización la hemos llevado los y las estudiantes, tenemos la convicción que es un tema que debe ser tratado por el conjunto de la comunidad. También eximimos talleres de sexualidad para los y las estudiantes; operativos se VIH; cátedras con perspectiva de género obligatorias; protección de las compañeras denunciantes, y otro tipo de cuestiones. Pero el petitorio está en desarrollo, además la incorporación del resto de estudiantes de la universidad irá enriqueciendo aún más nuestras demandas. 

¿Existe coordinación con más universidades?

Si, hemos estado en contacto con compañeras de la UNAP, de la Universidad Austral de Puerto Montt, entre muchas más. En todos lados ocurre lo mismo: situaciones de violencia y acoso que no han sido resueltas, ausencia de protocolos adecuados, etc. Nos hemos preocupados mucho de compartir experiencias.

(…)

Incluso realizamos un emplazamiento a la Confech el sábado pasado. Nuestro principal cuestionamiento es que seguimos marchando por la educación, contra el lucro, pero no hacemos nada frente a las situaciones de violencia que vivimos en nuestras propias universidades, que viven nuestra propias compañeras, que vivimos nosotras mismas. Necesitamos trabajar realmente por una educación no sexista. Pues, la verdad, es que durante muchos años éstos temas han sido puestos en la mesa solo como slogan. No han sido tomados en serio por el movimiento estudiantil.

La respuesta de la Confech no ha sido satisfactoria. No basta con marchar adelante o ir junto al lienzo principal, como nos ofrecieron. Necesitamos medidas mucho más allá. Algunos compañeros, en la reunión Confech, plantearon que nosotras ocupamos una de las vocerías zonales, pero la moción fue rechazada por varias federaciones, apelando a los estatutos y normas internas. Sin embargo otras federaciones apoyan la idea (que no fue nuestra), puesto que lo consideran un acto reparatorio.

Pero pensamos al respecto que no hay un real interés, pues si así fuera se habría dado la vocería por sobre los estatutos. El problema de la Confech es que la mayoría habla de la violencia de género solo a nivel estructural; y no como movimiento social, desde las bases, como realmente debería ser. Necesitamos levantar un movimiento estudiantil feminista desde las bases mismas. De nada sirve la pura actuación cupular. 

¿Qué significa que la movilización se defina como feminista?

Es el reconocer el daño histórico que hemos sufrido por ser mujer. Nacer mujer significa inmediatamente nacer con un carga de violencia, solo por el hecho de serlo. Ser feminista es reivindicar nuestro derecho a la igualdad.

En Chile no había habido un movimiento feminista tan fuerte como el actual desde la lucha por el derecho a voto. Desde allí, desde la movilización, estamos reivindicándonos y haciendo historia en éste preciso momento.

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